domingo, 19 de abril de 2015

LOLE Y MANUEL, EL POETA LOCO Y EL RUISEÑOR

          

  
         Ella, desde que era una niña,tenia esa belleza gitana, con algo de moruna que nos encandilaba, tenía esos grandes ojos negros y vivos como dos llamas de fuego, y sobre todo, por encima de todo, esa voz aterciopelada, quejío a veces, caricia casi siempre,  que nos envolvía.
              El siempre nos pareció un loco eremita,un ermitaño loco de largo y enmarañado pelo que dedicaba sus poemas a las estrellas, que abrazaba de una forma diferente a esa amante fiel, al fin mujer, que es la guitarra.
         
                  Ella siempre lucía hermosa con largos pendientes de coral y sus mantones de manila encima de los hombros bronceados.Ella siempre nos enamoraba con el torrente, con el cristalino y risueño surtidor de su cante, con su compás inconfundible,que le viene de casta, que le corre por la sangre, heredera de artistas por los cuatro costaos. 
              El siempre acariciaba más que tocar las seis cuerdas, como extasiado, como absorto en el latido sonoro de esa mujer de marcadas curvas y largo cuello, siempre cortaba el aire con su voz quebrada, honda, curtida en mil bulerías.El nos brindo el embrujo, el magnetismo de su arte, en forma de toque y cante, junto a artistas tan dispares, tan distintos pero tan fundamentales en la historia de la música  de ANDALUCIA como CHIQUETETE o los SMASH, de GUALBERTO, ANTOÑITO y JULIO MATITO.
   
               Ella se llama LOLE MONTOYA, El se llama MANUEL MOLINA y un día, un afortunado día para los amantes de la belleza, como si el atardecer se hubiera detenido cuando la paleta de color en el firmamento nos parece más preciosa, como si hubiera habido una conjunción de los  planetas, y dos de esos astros, de los más hermosos, se hubieran encontrado en el camino, y de su unión, de su fusión, hubiera salido una estrella con la luz más rutilante y distinta.Y así el amor nos ofreció el idilio, el romance del poeta loco que le cantaba a las flores y del ruiseñor que con su voz inundaba el cielo y nos hacía flotar de emoción.
                           
          
            Y así juntos, duende y compás, dulzura y temperamento, nos dijeron que  el río tiene dos amores, y no sabía cual elegir, nos preguntaron si alguna vez al cortar una flor nos temblaron las manos, nos contaron la triste historia de UNA MARIPOSA, y nos evocaron con sus cantes a nuestra PLAZUELA y a nuestro TARDÓN, nos trajeron aires del cercano ALJARAFE y de la querida, tan, tan cercana pese a la distancia TRIANA.  Aires aljarafeños y de la Cava que hinchan las velas de una barquilla que se mueve sobre las tranquilas aguas del GUADALQUIVIR, y nos siguieron contado orgullosos y con el pecho lleno de sentimiento historias de sus gitanos.
        
         Pero el destino quiso que esa refulgente estrella se fuera apagando, la vida rompió el idilio entre el poeta y el pajarillo, y este con su trino irrepetible se fue a cantar por otros caminos  y el volvió a ser ese solitario de pelo ensortijado ahora ya con barba de apóstol, libre,  de todos y de ninguno, que sabe que la más hermosa de las verdades, la más desnuda , se puede enseñar con algo tan simple y difícil al mismo tiempo, como es conjurar una voz y un toque de guitarra. 
          Y aunque esa magia, el brillo hermoso de ese lucero ya solo queda en nuestro recuerdos y afortunadamente en muchas grabaciones, seguiremos pensando y soñado con algo que con su cante nos enseñaron y que quedo. como grabado a fuego en nuestro corazón, y es que todo, todo en esta maravillosa vida que en cada día amanece, que cada cosa que se nos ofrece al calor tenue  de una mañana, al dulce arrullo de la noche, todo, absolutamente TODO ES DE COLOR
     

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