domingo, 20 de marzo de 2011

X I I PREGÓN - FALTÁN 28 DÍAS

               
                    2.001 - CARLOS HERRERA CRUSSET




               La vida pasa como una lenta cofradía que siempre acaba siendo más rápida de lo que creemos. El está sentado a la vera de la vieja puerta caída de aquel zaguán en el que empezó a jugar a los medios amores siendo sesenta años más joven. Cada Lunes Santo sale religiosamente con su silla a contemplar la metáfora de la vida. Desde la Cruz de Guía a la trasera del Palio, la vida nace y muere como esa misma cofradía a la que ha dado los mejores años de su fecundo calendario. El pelo amarillea y las monturas de pasta ocre pesan en esa nariz aún sorprendida por los primeros azahares, solo unas semanas atrás.
          Brazos cruzados sobre el pecho, como esperando un reto; rebeca porque "de estas tardes de abril nunca hay que fiarse" y la foto de su nieto en la cartera poco antes de que cumpliera con el rito de su primer cirio de cera blanca.
         Ya llegó la Cruz de Guía:
--ahí no vayais a ponerse que no veo

       Y ese primer tramo de nazarenos en el que debutaste. Qué pocos erais entonces. Piensas, una vez más, un año más, en el sagrado rito de salir de casa de la mano de tu padre, por primera vez, vestido de nazareno. Y piensas, inevitablemente, en los rubores de emoción que él debió sentir aquella lejana tarde mientras tiraba de ti para soltarte de los brazos de una madre que aún te estaba estirando la túnica. En tu casa olía a alhucema, cisco de picón. En tu calle, los niños de entonces disputaban los piojos y las bolas, en el cielo aún no habían tranvías y Sevilla, en tu memoria, se parecía mucho a una gota de miel, tibia y espesa, que se desliza suavemente hasta el pecho.
         Hoy en tu silla, esa desde la que pueden seguirse las costumbres de los gorriones, te ves en tantos chiquillos que estrenan impaciencia y que empiezan a tragarse, sin apenas darse cuenta, el libro de reglas no escritas de su ciudad. Acabarás subiendo al balcón, como cada año, cuando llegue ese otro tramo de tan jugosos recuerdos, de cuando eras nazareno con novia y ya portabas aquella humilde vara de cofradía de barrio. ¡Con lo que te gusta a ti ver a tu Dolorosa desde ese perfil derecho, a ras de suelo, como hay que ver a la Virgen!. Y otra vez a tragar Palio. Tu quisieras pero tus piernas ya no están para una bulla. Tu cofradía iba creciendo de noche en noche, limpiando la plata y pespunteando cuaresmas. Sábado Santo aquél de Santo Entierro y de Estandarte recogido en casa hasta llegar el Corpus. Empezaban entonces las casas de Hermandad, tímidamente, según el poderío. Vuestra Casa era la cochera de algún hermano o la misma Sacristía de la Iglesia. Noches de tabaco de picadura liados con el mimo que da la escasez; noches de Radio, noches de Cruz de Guía; noches de horas y horas de tertulia,

--estas son horas de llegar, Antonio?,
--mujer si es que ha venido Don Gonzalo, el capellán del aire;
Noches de reparto de túnicas, así a ojo, en lo que no fallabas nunca:
--A ese niño tráele la 147

        Y le iba perfecta, luego a su casa a orearla y a que su madre le cambiara la tela del antifaz "que nunca se sabe quien la llevaba el año pasado"; noches de repasar las canastillas con purpurina; noches de fiambreras de bacalao con tomate esperando en vísperas que algún hermano llegara tarde al reparto. Noche y noches y tardes y tardes. Tardes de zaguán y de costaleros que saben que los zaguanes de Sevilla son los camerinos donde vestirse de héroes.

--Niña, ¿cuantos nazarenos dices que salen este año?, ¿mil setecientos?
¡Madre del Amor Hermoso! Pues no nos hemos llegado a inventar cosas para estirar la Cofradía.
         Cuando eras Diputado de Cruz de Guía tenías que ponerte de acuerdo con el Diputado Mayor de Gobierno si parabas la cruz en esa calle a la altura de la primera cartelera del cine o de la última, porque siempre le faltaban diez metros de cofradía junto al Palio.



       Ese mismo Cristo que está anunciándose en los tambores que ya te retumban en el pecho, es el Cristo de la fotografía de tu recibidor, junto al viejo bastón que gastó tu padre y que has gastado tú, sobre un jarrón con destellos rojos que nunca acaban de oler a campo pero sí a nostalgia y junto a la misma silla que todos los años conoce el camino de subida y de bajada. Conoces la mirada de esos ojos porque es lo primero que has estado mirando toda tu vida al entrar en casa, yendo o viniendo de aquél trabajo que hoy te ha dejado una calderilla y la fotografía en colores del día de tu jubilación. En el horizonte relampaguean los ojos de la tarde que al apagarse dejan escuchar la voz antigua de los cielos de abril.
      Realmente la casa no debería tener tantos espejos. Desde que estáis solos no necesitáis veros más que el uno al otro. A veces la vida te parece una cosa tan vana que hasta sientes deseos de ir apagando las lámparas para que tus ojos descansen en la sombra. El café siempre acaba derramándose en tus pantalones, algún canalla aparta las paredes de casa para que no te apoyes y ya han de decirte dos veces las cosas para que las oigas bien.
      Sin embargo quisieras sacudirte el polvo de los días y bajar con ellos a llenarte los ojos de lágrimas y los bolsillos de caramelos, a sujetar tu antifaz con tu mano vigorosa, a mirar muchachas agazapado en tu anonimato, a saludar discretamente con un gesto de tu mano a los conocidos de la carrera oficial, a escuchar de nuevo al Brigada Rafael, a mirar una y otra vez a esa Dolorosa que obra el milagro serpenteante de una larga hilera de nazarenos...                                  ¡Ay, si tuvieras cincuenta desengaños menos!

                Y cuarenta madrugadas por vivir
                         Y a tu vera aquellos ojos tan morenos
  Con hechuras de sirena
          Que también vivía en San Gil
  y se llamaba Macarena

      Que contigo y tus anhelos
          Andando en pos de los cielos
    y con la misma exigencia
Año a año y a tu vera 
   Fue una mujer nazarena
 Con solo una diferencia
      No le hizo falta una túnica
 Era de los dos la única
   En creerse la penitencia

         Y el tiempo os ha mantenido
   Y os ha plateado la sien
     Juntos, cómplices los dos
       Tu en tu balcón, embebido
    Y ella embebida también
    Para dar gracias a Dios.

sábado, 19 de marzo de 2011

X I PREGÓN - FALTÁN 29 DÍAS

                   
                   2.006 - IGNACIO JIMENEZ-SÁNCHEZ DALP




                                
                                        Va rezando la Amargura 
                                 hacia San Juan de la Palma 
                                 y la tristeza del alma 
                                 se llena ya de dulzura. 
                                Todo se torna en ternura 
                                 y lo oscuro se hace luz, 
                                 las Hermanas de la Cruz 
                                 van saliendo del convento 
                                 y es el palio un firmamento 
                                 y la calle un contraluz. 
  

                                 La Virgen lleva el rosario 
                                 que Purísima tuviera, 
                                 un rosario de madera 
                                 de hábito y uso diario 
                                 como humilde escapulario 
                                 que cuelga de su cintura, 
                                 y al irse de la clausura 
                                 mientras se alejan los tramos, 
                                 otro Domingo de Ramos 
                    
             va rezando la Amargura. 



viernes, 18 de marzo de 2011

X PREGÓN - FALTÁN 30 DÍAS // (San Julián)

             1.990 -  JOSÉ L. GARRIDO GARCIA-BUSTAMANTE


                                  Aquella Semana Santa
                                    La Virgen bajó del Cielo
                                    por una larga escalera
                                    formada por los luceros
                                  
                                     Madre ¿me llevas contigo?  
                                     pidió permiso una estrella
                                     y la Virgen sonriendo
                                     se la trajo hasta la tierra
                                      
                              En el barrio de Triana
                                      la Señora se quedó
                                      y por Virgen de la Estrella 
                                      en Triana se nombró.


                                      Era Domingo de Ramos 
                              Sevilla estaba de gala 
                              y al ver a la Virgen dijo
                              "Es la Estrella de Triana"

SAN JULIÁN

          


     
                    Creo que muchos de los que me conocen se habrán preguntado alguna vez como alguien que lo más cerca que ha vivido de esas calles es a dos kilómetros siente esa predilección por el barrio de San Julián.
                   Como fin de semana si, fin de semana no, se puede perder en un deambular pausado sobre viejos adoquines, entre casas  con balcones estrechos cuajados de macetas aquí o allá, doliéndole los solares, los edificios marcados por el abandono y el olvido.
                  Recorrer calles como Sorda, Lira, Juzgado, Hiniesta, Fray Diego de Cádiz, San Hermenegildo, Pza. de San Marcos; bordear lentamente la antigua muralla desde la Puerta de Córdoba hasta el Arco macareno, para bajar por San Luis y al llegar a Santa Marina acortar por Padre Manjón y Bordador Rodriguez Ojeda hasta terminar junto a la portada ojival de la Parroquia.
                  Hoy, sin  esperarlo, han brotado de mi mente un río caudaloso de razones.
                  Quiero a San Julián, porqué es la voz de mi sangre, la herencia más valioso que tiene un hombre. San Julián es la huella de los míos, es recuerdo de un corral de vecinos de la calle Duque Cornejo donde mi abuela materna Carmen, un ángel del cielo sin duda, crío seis hijos en la Sevilla de estrecheces y carencias de aquel entonces.
                  Es recuerdo de la niñez, del callejón Padilla, donde nació esa leyenda del cante flamenco que era D. Manuel Vallejo, para visitar a mi “abuela chica”, mi bisabuela,  y pasar las horas muertas, en esa reducida carrera oficial, jugando a la Cruz de Mayo con una mesa camilla sobre las que poníamos unas flores,unos palitroques cruzados y una postal de la Virgen.
                San Julián es añoranza de veladas de verano, niños correteando entre un laberinto de veladores donde familias enteras disfrutaban alrededor de unas macetas de cerveza, unos manojos de rábanos, regañas  y un plato de mariscos los menos, y un papelón de pescao los más, en la inmensa terraza de Casa Baturones.
               Y años más tarde cuando las economías estuvieron más boyantes disfrutar de las riquísimas gambas de la plaza de las Moravias. San Julián  es aún hoy el dulce sabor de los calentitos del bar la Hacienda.

              Pero siempre, ayer, hoy y mañana, San Julián es sentimiento y vivencias con su Hermandad, con la Cofradía del Cristo de la Buena Muertela Virgen de la Hiniesta.
               Es ilusión de chiquillo, descubriendo el Domingo de Ramos, cuando, con 11 años, cruzaba el Puente por primera vez.!Paco, hijo, ve con tus amigos a ver la Cofradía de mi barrio , veras que bonita es!.
               Y la encontraba bajando por Trajano, con la luz de ese Sol hermoso recortándose sobre los Hércules de la Alameda; o en la noche por la Alfalfa, con los sones imprescindibles y eternos, xilófono que pone el vello de punta en “Alma de Dios” de la Banda del Arahal.
              Es satisfacción y alegría de cofrade cuando me dijo mi hermana Mari : “Paco quiero salir de nazarena, pero en la tuya no, que es de negro, prefiero una alegre, de barrio, con música”; y la lleve al encuentro de sus orígenes, de esas raíces y emociones que por edad ella no tuvo.Y entramos por la cancela de ese patinillo lleno de sabor antiguo, con el azulejo de la Hiniesta Chiquita,la Virgen que apareció en Cataluña, y alli mi amigo Jose Mari, pedazo de cofrade e hiniesto hasta el tuétano nos esperaba para convencer a la que quería capa y cíngulo de raso de que fuera una más en las filas del Señor de San Julían. Y allí sigue, veinte años después, sino físicamente, si con el corazón y el alma, desde la lejanía de Torrejón de Ardoz, cada vez más cerca de su Cristo de la Buena Muerte.
                 Es orgullo y amor de padre, cuando acompañé a mi hijo, que también vistió túnica blanca, esparto y antifaz azul cielo, casi todo el recorrido, hasta el esperando descanso de la iglesia tras haber cruzado el desfiladero, largo, larguísimo de Pasaje Mallol.



                Y hoy es fervor y devoción,  comunión sagrada y paz espiritual, cuando me postro, como la Magdalena pecadora, en el silencio solitario de la Parroquía y le doy gracias con la oración que El nos enseño.Es  pasión y emoción desmesurada cuando acompaño a la Hiniesta Gótica la tarde  del Corpus rodeada de barrio bajando por Sales y Ferre.Es encuentro obligado e ilusionado cuando en el Domingo más hermoso del año contemplo, como siempre, con que solera, con que categoría llevan al Cristo de la Buena Muerte sus costaleros por esa calle mágica ¡que olor a azahar! de Doña María Coronel, para  después comprobar como la oscuridad de la noche se prende del ascua de luz, de la belleza de esa rosa rutilante, entornada en azul y plata que es su Madre Hiniesta.
               Por todo esto, ni más ni menos, es por lo que quiero tanto al barrio de San Julián.

              
    ENVÍO : A mi amigo José Maria Ruiz Rueda, a su mujer Eva, a su hermana Hiniesta y a su padre D. José Maria Ruiz Elvas, buenos hiniestos y mejores amigos; pero sobre todo a mi hermana MARI, desde esta Sevilla herida ya de azahar y primavera a la lejanía de Torrejón de Ardoz.¡Canija ya estamos en el lio!. TE QUIERO MUCHO, UN BESO.